LOS HONGOS A LO LARGO DE LA HISTORIA


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Desde el inicio de los tiempos, los hongos y el hombre han ido evolucionando conjuntamente a lo largo de la vida. Los hongos han sido utilizados como alimentos, como elementos transformadores de los mismos, para la cura de enfermedades e incluso se han utilizado como sustancias alucinógenas en fiestas y ceremonias religiosas.

 

Procedentes de las culturas prehistóricas han aparecido vestigios donde ya los pobladores procedentes de estas culturas europeas empleaban los hongos y setas. Los restos arqueológicos descubiertos han permitido rescatar de sus ropas y vestimentas, hongos secos utilizados como base para encender fuego y como alimentos propios, tal es el caso del hombre primitivo hallado congelado en los Alpes  Suizos.

 

Los relatos procedentes de la civilización Micénica hace unos 3500 años, indican que su propio nombre puede deberse a una seta. La conocida leyenda sobre el héroe griego Perseo dice que su nuevo reino recibió el nombre de Micenas como consecuencia de utilizar una seta como vaso improvisado para calmar su sed.

 

Los egipcios ya tenían en cuenta a los hongos y podrían haberse sido utilizados con fines rituales, como así lo demuestra una pintura mural egipcia de la tumba del faraón Amenemhet que data de 1450 a. C. y también recogidos en forma molida en vasijas de las tumbas faraónicas, donde se les suponen fines curativos para realizar el gran viaje del muerto hacia la otra vida. Así mismo, producían pan y cerveza en los que sus procesos de fermentación eran consecuencia de la intervención de hongos microscópicos.

 

Nicander de Colofón, 185 a.C., decía que los hongos se originan del suelo por acción de la lluvia en su libro "Alexifarmaca", constituyendo una de las primeras referencias de la micología.

 

La propia civilización griega, ha dejado múltiples huellas y restos de la presencia y usos de los hongos. El propio Eurípides describe en sus narraciones una intoxicación de varios miembros de una familia por hongos. Teofrasto, filósofo y naturalista, definió a los hongos como plantas imperfectas, exentas de raíces, de hojas, de flores y de frutos. Dioscórides, médico griego del siglo I, propone una separación entre "Fungi esculenti" y "Fungi perniciosi".

 

En el Imperio Romano, ya se empieza a conocer el uso y consumo de los hongos y setas de forma habitual, donde esclavos escogidos realizaban su recolección. Algunas setas de exquisito sabor deben su nombre a la degustación de los propios césares romanos y como prueba de ello recibieron su nombre (Amanita caesarea). Esta especie fue una de sus especies preferidas, habiendo sido descripta por Cicerón, Horacio, Suetonio y Séneca. Su adicción a las mismas, le costó al propio emperador Claudio su muerte, al ser envenenado por su esposa Agripina al intercalar junto a esta seta trozos otra seta mortal (Amanita Phalloides) en el plato que habitualmente consumía. El naturalista romano Plinio el Viejo, establece en sus escritos, las primeras normas para distinguir los hongos comestibles de los venenosos.

 

Las tribus bárbaras del norte de Europa ya utilizaban las setas (Amanita muscaria) como alucinógenos en sus fiestas y ritos religiosos.

 

En civilizaciones como la griega, romana e hindú, se consideraron a los hongos como alimentos sagrados.

 

Durante la Edad Media, periodo comprendido entre el siglo V y el XV, como consecuencia de la enorme influencia religiosa, los conocimientos procedentes de los naturalistas griegos y romanos pasaron al olvido. Esta característica produjo un enorme retraso en el conocimiento de los hongos y aunque no se produjo ningún avance significativo en su conocimiento, sin embargo estuvieron muy presentes en la vida medieval. Su consumo además se vio afectado al aparecer el hongo parásito de los cereales (Claviceps purpúrea). Los alcaloides que contiene este hongo, causan la enfermedad actualmente denominada Ergotismo, cuyos síntomas son disfunciones en las extremidades que terminan por gangrenar dedos, manos y pies, llegando a provocar la muerte. El principal causante de la enfermedad eran los cereales que contenían este hongo que al ser molidos conjuntamente para hacer la harina del pan, esta se contaminaba y el pan elaborado producía la enfermedad.

 

En este periodo, la separación entre hongos comestibles y venenosos se basa en creencias populares más próximas a actos de brujería que a criterios científicos. Algunas de estas creencias basaban la toxicidad de algunos hongos de acuerdo a cómo se pudrían, el tipo de lugar donde crecían, el color de los hongos que lo relacionaban con el tipo de efecto que producían o al tipo de arboles sobre los que crecían.

 

Entre los siglos XV y XVI, el Renacimiento permite de nuevo progresar en el conocimiento de los hongos y la aparición de la imprenta ayudó a la difusión de obras relacionadas con hongos tales como "Theatrum fungurum" y "Fungus in Pannonis abservatorum brevis Historia". Era práctica habitual de los médicos como remedio a las intoxicaciones fúngicas recomendar el consumir aromáticos como el ajo, la pimienta y el vino. De esta época se conserva gran cantidad de documentación relativa al aspecto demoníaco de los hongos, vinculados a prácticas mágicas y esotéricas.

 

 

En el siglo XVI, se tienen conocimientos de los hongos gracias a los escritos del franciscano Fray Bernardino de Sahagún, que en su estancia en Nueva España (México) recopila y recoge información de los libros “Popol Vuh”, "Las antiguas Historias del Quiché", procedente de la cultura Náhuatl que es el libro sagrado de los indios quichés que habitaban Guatemala y al “Chilam Balam”, procedente de la cultura Maya de la península de Yucatán en México. En ambas culturas  los hongos tenían un rango elevado y eran considerados comida de dioses y reyes, probablemente debido más a su carácter alucinógeno que por los beneficios alimenticios que obtenían.

 

Carl von Linné o Linneo, biólogo sueco, clasifica a los seres vivos en diferentes niveles jerárquicos y para los hongos crea un Reino, aunque consideraba a los hongos como extraños al reino vegetal y creía espontánea su generación. Andrea Matthiole, médico y botánico italiano, establece la primera clasificación de las plantas de acuerdo a sus frutos y estudió las intoxicaciones fúngicas recomendando para su cura, vomitivos y lavativas.

 

Jean Ruelle, recoge en su obra De Natura (1536), una compilación de documentos clásicos sobre los hongos con el fin de obtener una mejor clasificación sobre sus características morfológicas y no basada en la comestibilidad de los mismos, tal y como se había hecho fundamentalmente hasta esas fechas.

 

En el siglo XVII, los avances culturales permitieron que en la corte de Luis XIV reaparecieran ligeramente de nuevo los hongos, fundamentalmente por la nobleza, en sus platos de cocina refinada y dejaron de tener definitivamente solamente la consideración de un alimento básico para los pobres.

 

Van Leeuwenhoek fabrica los primeros microscopios, lo cual permite el inicio y desarrollo de los estudios sistemáticos en los hongos y se pudieron conocer los hongos microscópicos, permitiendo con ello el conocimiento de los antibióticos.
Durante los siglos XVIII y XIX es cuando la Micología adquiere la categoría de auténtica disciplina científica y comienzan a aparecer los primeros sistemas de clasificación que se vienen utilizando actualmente aunque con diversas modificaciones.  En el XVIII, se identifican y definen las esporas y se clasifican los hongos en Basidiomycetos y Ascomycetos.

 

En el XIX (1801) Christiaan Hendrik Persoon, micólogo sudafricano y considerado el padre de la Micología, establece en su tratado la Synopsis Methodica Fungorum la sistemática de los hongos por géneros, adoptando el método linneano para la micología y destacan eminentes micólogos como Jean Baptiste François Pierre Bulliard y Jacob Christian Gottlieb.

 

El naturalista sueco Elias Fries, otro de los padres de la Micología, es el creador de la moderna taxonomía y sistemática actual de los hongos. Sus publicaciones Systema mycologicum y Elenchus fungorum (1818-1828), han servido para establecer una clasificación por el color de las esporas, conjuntamente con la clasificación de acuerdo al tipo de himenóforo: láminas, poros, pliegues y aguijones, como principales caracteres taxonómicos.

 

Giacomo Bresadola, Lucien Quélet, Charle Tulasne, Jean Louis Emile Boudier, Abbé Bourdont han sido micólogos relevantes que han aportado sus conocimientos mediante sus trabajos sobre la clasificación y el estudio de las setas.

 

Joseph-Henri Léveillé, micólogo francés, considerado como el precursor de la Micológia moderna, es el primero en dar una descripción completa del basidio y del cistidio de los hongos basidiomicetos, estudia su microscopia y comprueba que las esporas maduran en los basidios. Establece la clasificación por los caracteres microscópicos y estudia las reacciones químicas que se producen en los hongos por medio de reactivos químicos.

 

En los siglos XX y XXI, R.H. Whittaker en 1969, separa a los hongos en un reino aparte de las otras formas de tipo vegetal, ya que los hongos no podían ser considerados vegetales. Relevantes micólogos como Roger Heim, Robert Kühner, Henri Romagnesi, André Marchand, Julius Schäfer, Mehinhard Moser, Rolf Singer, André Maublanc, Marcel Locquin, Albert Pilát y muchos más, han estudiado, clasificado o modificado conceptos sobre toxicidad de distintas especies, desechando creencias populares erróneas, usadas para determinar la comestibilidad de los hongos, además de publicar trabajos de divulgación que permiten clasificar y conocer más sobre los hongos.

 

Los últimos hallazgos que permiten saber la antigüedad de los hongos provienen de fósiles de un hongo foliado cubierto de ámbar procedente de Centroamérica con una edad estimada en 40 millones de años y otro hongo todavía más antiguo también retenido en ámbar de 100 millones de años. Su carácter carnívoro es debido a que se ha podido determinar que el hongo atrapaba a gusanos nematodos por medio de filamentos pegajosos  que estrangulaban a los mismos.

 

Como compendio de las reseñas mencionadas anteriormente a las culturas antiguas, respecto al empleo de los hongos fundamentalmente en usos alucinógenos o psicoactivos, se adjuntan unas breves reseñas mucho mejor recogidas en  Enlace. En ellas, se pueden apreciar pinturas y esculturas prehistóricas donde se muestran a los hongos y el conocimiento que ya tenían estas culturas sobre los mismos.

 


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